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miércoles, 24 de diciembre de 2014

EL GUARDIÁN VAGABUNDO

La transformación empieza en ti, sólo tú tienes el poder de abrir esa puerta que te encaminará hacia la paz, la luz, el amor y el conocimiento más genuino. No obstante a veces la vida nos pone pequeños milagros en el camino para que en un empujoncito nos envíen hacia el camino correcto donde se presentarán nuevas oportunidades. Vienen desde la luz y vuelven a la luz con la misma riqueza. Nunca es tarde para encaminarse al punto cero del que surgirá la metamorfosis. Regálate tiempo.
Imagen tomada de la red
Le habían dicho en multitud de ocasiones unas voces a través de los sueños que debía encontrar inmediatamente al guardián pero el joven padre no comprendía los mensajes que se le enviaban continuamente y se sentía muy frustrado. Hacía tiempo que se había perdido en un bucle sin salida. Vivía para trabajar y no encontraba tiempo para pasarlo con sus hijos y éstos no perdonaban los momentos que su padre se había perdido sin ellos. No acudía a los festivales del colegio, ni a las reuniones de padres, y menos a los partidos de fútbol de sus pequeños y todo esto y más había afectado a su relación familiar provocando un divorcio duro y un alejamiento aún mayor. Carlos lo había perdido todo por su adicción al trabajo, por el compromiso enfermizo con la empresa de uno de sus tíos maternos. Era incapaz de decir NO y así le iba. Se acercaba la Nochebuena y seguía allí, en la empresa, con los informes sobre la mesa, solo, pues ya todos se habían marchado a celebrar con sus familias. Las luces y los villancicos se escuchaban más allá, entre felices acordes, brindis y emociones. Carlos se sintió agobiado y salió a tomar el aire alejado de aquella multitud alegre. Se fumó dos pitillos y suspiró en varias ocasiones como expulsando aquella soledad que le ahogaba y no le permitía descubrir el valor de la vida más allá de aquellos muros. Un vagabundo que por allí merodeaba se percató de la tristeza de aquel trajeado hombre y sin mediar palabra éste le entregó un colgante que él fabricaba con sus manos para ganarse su pan de cada día. En este caso no le pidió una moneda a cambio sólo le pidió que se lo pusiera y que éste le ayudaría a recuperar su vida, su energía vital. Carlos no creía en todo aquello, le parecía una estupidez pero se lo puso a regañadientes alrededor del cuello y se marchó sin dedicarle un gracias o una sonrisa a aquel que le había regalado un trocito de su historia, de su talento,  con lo poquito que tenía a su alcance. Carlos no era capaz de ver más allá de sus narices y se estaba perdiendo una gran riqueza. Nada más llegar a su oficina se quitó el colgante y lo tiró a la papelera sin ápice de arrepentimiento. Volvió al trabajo hasta que se quedó profundamente dormido con la cabeza apoyada sobre la mesa de trabajo. Horas después sonó el teléfono al que éste contestó con desgana. Una señorita al otro lado le decía que sus hijos y su mujer habían sufrido un grave accidente de tráfico que se encontraban en el hospital y que debía acudir de inmediato. Así lo hizo con un gran dolor en el corazón y una angustia que le hacía conducir a trompicones por la Avenida. Ya en el hospital descubrió un panorama poco alentador. Su exmujer estaba siendo atendida en un box, ella no parecía estar en un estado grave pero sus gritos y el buscar con su mirada a sus hijos le desgarraba el alma a Carlos. Pidió acercarse a su exmujer y le fue concedido. Le tendió una mano de cariño que ésta no rechazó, después con el tratamiento quedó profundamente dormida y Carlos fue corriendo en busca de sus hijos: Manuel y Cristian que permanecían en la UCI en estado muy crítico, al borde de la muerte. Carlos golpeó la pared dejando unos nudillos heridos, sin embargo, el dolor no era tan grande como el de su corazón y el de su rabia. Se sintió una alimaña, un hombre horrible y despiadado con los que amaba y había desatendido. Una enfermera se ofreció a ayudarlo con un tranquilizante y rato después con el efecto de éste se encontraba en un sueño profundo en un sofá de una sala habilitada para familiares. Carlos volvió a soñar con aquellas voces que le hablaban de un misterioso guardián, sin embargo, en esta ocasión el sueño era diferente, podía ver entre una nube misteriosa a aquel que decían guardián y no era otro que aquel vagabundo que le había entregado el colgante y que él había tirado a la papelera con desprecio. Cada vez entendía menos, cómo iba a ser éste el guardián del que le hablaban los sueños. No se lo podía creer. Era incomprensible. Al despertar del sueño se encontró de frente con el vagabundo, estaba sentado a su lado y le había puesto el colgante que en su día le regaló entre sus manos, esta vez, el colgante resplandecía en su interior como una luciérnaga con vida propia. No podía creer lo que veían sus ojos y sentía su alma, sabía que lo había tirado a la papelera y ahora volvía a sus manos a través de aquel misterioso hombre al que también le brillaba en esta ocasión la mirada, donde se podía dibujar un bosque rico en presencias y amor; cada espiral grabada en aquel escenario de miradas era un viaje a lo más profundo, a la esencia cristalina que no conoce rencores y que ama por sobre todo. Carlos le hizo todas las preguntas  posibles al que en sueños le habían descubierto como "El Guardián" pero éste no pronunció ninguna palabra se limitó a mirarlo en profundidad y también a acompañarlo y contenerlo con una serenidad pasmosa, un mar en calma. Todo lo que ese hombre le transmitía a Carlos en ese momento era mágico y justo cuando empezaba a comprender el mensaje que le había tallado en todo su ser aquel misterioso hombre desapareció sin dejar más rastro que toda su grandeza en el alma de Carlos. Encendió su llama. Una enfermera se acercó a Carlos para comunicarle que sus hijos estaban fuera de peligro, se habían estabilizado de una forma asombrosa por lo que pronto estarían en planta. Un GRACIAS sincero e inmenso se dibujó en la voz del joven. Carlos por primera vez en  mucho tiempo descubrió el valor de aquel instante, de aquel AHORA que se despertaba del letargo y le daba esa oportunidad que tiempo atrás él mismo se había negado consigo y con los suyos.  Decidió cambiar todos los recuerdos por los que de verdad merece la pena recordar y vivir. Aquellos que vamos construyendo día a día con los que amamos en este caso con sus hijos y con la mujer que había alumbrado a sus tesoros y a la que seguía amando. <<Qué ciego anduvo por aquel entonces>> Pensó para sí. Pero ya le habían sido levantadas las vendas y debía disfrutar de toda la riqueza que tenía frente a él y en su interior. Y así lo hizo por el resto de sus días dejando su mejor herencia, sus fecundas semillas, en los que tanto amó. 
Javier Ochoa V.L, 2014 ©
Todos los derechos reservados.
Prohibida copia total o parcial. 
Cuento registrado.

martes, 23 de diciembre de 2014

DANZA DEL FUEGO

Imagen tomada de la red
Todos encendieron sus fuegos al mismo tiempo, con la misma distancia entre unos y otros pero con distintas maniobras, todas igual de válidas y genuinas. Hubo quien encendió el suyo con la percusión de piedras (choque de pedernal contra eslabón) , otros lo hicieron con la ayuda del astro sol a través de la lente de sus gafas, otros con fósforos o mecheros, e incluso hubo quien lo encendió a través de los sueños o quienes lo hicieron con la llama ardiente de su intenso amor. Cada cual lo hacía con lo mejor que tenía a su disposición, con aquello que lo inspiraba, maravillaba... Poquito a poco se fue consumiendo cada fuego como la vida misma hasta que sólo quedaron rescoldos y humo, un humo a modo de señal, de alma viva o presencia que iba acompañando todo aquel proceso de despedida. Unos y otros se juntaron en ancestral danza hasta que quedó solo un fuego que era, sin lugar a dudas, de un ser espiritual, de un guía de emociones, un elevado. Ante éste se reunieron descubriendo que estando unidos aquel fuego se avivaba más y más provocando un big bang, una explosión interna y universal que dejaba aflorar a la esencia misma. Supieron de inmediato que aquel fuego jamás se apagaría porque cada uno de ellos aportaba lo mejor de sí en comunión con una misma energía. 
Javier Ochoa V.L, 2014 © 
Todos los derechos reservados. 
Prohibida toda copia.                                                                

jueves, 11 de diciembre de 2014

EL BOSQUE DE ESTRELLAS

 
Imagen tomada de la red: http://www.edureptil.com/la-llamada/


 (Esto es más que un cuento, es la leyenda que se ha curtido en mi alma en este tiempo. He descubierto con ilusión la luz y la magia que viven dentro de mí y ahora hay que compartirla con amor y dicha. Dedicado a quienes me aman y amo y especialmente a mi mujer por nunca perder la fe en mí. El amor me ha traido de vuelta) 

No sé cómo llegué a parar en aquel mágico lugar, la sensación era de que los impulsos de mi corazón me habían guiado hasta aquel bosque donde miles de almas parecían sentirse muy a gusto siendo parte de aquel espectáculo de luz y de concordia. De pronto del cielo comenzaron a brotar miles de parpadeantes luces que caían hasta perderse entre las copas de aquellos magistrales árboles que poblaban con diversidad toda la continuidad de aquel espacio y que de alguna forma parecían curiosearme sin sentirme en ningún momento un extraño. La conexión de ellos conmigo era muy interesante, totalmente placentera y respetuosa. En un momento dado los vi agitarse levemente al sentir entre sus ramas a aquellos pequeños cuerpecitos de luz que caían con elegancia del cielo. Parecían esperarlos con ilusión, aunque cada noche ocurriera lo mismo, los sentían como la primera vez mecidos entre sus frondosas ramas. No me lo podía creer y me froté los ojos en varias ocasiones por si todo aquello era parte de un sueño, sin embargo, era más que eso, era mi realidad expuesta a la magia que habitaba un fuero interno. Esta magia se había colado en mis pupilas, en mi alma, en cada huella mía que se iba alejando mientras exploraba cada rincón de aquel bosque. Me sentí rico en salud y en energía y con la sensación de estar siempre acompañado por un silencio que le hablaba con aires ancestrales a mi alma, la cual se crecía instante a instante hasta recibir sus merecidas alas espirituales. Entonces uno de aquellos cuerpecitos de luz cayó de un gigantesco sauce con elegancia sobre mi pecho, pareció elegirme con su baile, y al verlo más de cerca descubrí lo que era en verdad una estrella, un cuerpo celeste. Entusiasmado la acurruqué entre mis carnales manos y ésta llenó de calor y de luz cada poro de mi ser antes de apagarse y desintegrarse definitivamente entre mis manos. Lloré de felicidad al descubrir la belleza que me había sido entregada, el desafío de perder el miedo al apagón, de descubrir de cada pequeño instante el milagro y la luz que nos habita. Se abrió la esperanza sobre mi pecho y su maquinaria comenzó a girar de nuevo latiendo con aires nuevos de salud. Una nueva oportunidad para llenar mi tiempo y el tiempo de los que amo de luz y de amor y desde donde surgirá nuestra propia constelación llena de estrellas con luz propia. Mi misión es clara: encender y nombrar nuevas estrellas en este otro bosque de realidad compartida que en este instante tengo contigo. 
Ven que te cuente... 

Javier Ochoa V.L , 2014 © 
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martes, 9 de diciembre de 2014

INSTINTO DE VIDA





Aquel muchacho seguía su instinto, siempre lo hacía desde que su abuelo le enseñó a conseguirlo, a disfrutarlo, a crear magia con él como el gran indio que corría por su sangre. Entonces el muchacho enfermó de gravedad y su instinto que seguía tan alerta como siempre le iba marcando las pautas para luchar, para salir airoso de aquella situación como el gran soldado que era a tan corta edad. El campo de batalla no resultaba nada fácil, se encontró con muchas trampas en el camino que le hicieron polvo su cuerpecito pero no se rindió y poco a poco fue venciendo la oscuridad, alcanzando grandes metas. Al muchacho le encantaba soñar, era uno de esos soñadores que vivian con fuerza sus sueños, tanto es así que la energía de sus sueños llegaba no solo a transformarlo a él también a quienes lo acompañaban. Se convirtió en un gran maestro a su corta edad. Superó su enfermedad y de ella descubrió grandes verdades con las que construyó fuertes esperanzas. 

 Todos llevamos un poder dentro de nosotros y al compartirlo crece y crece hasta hacerse fuerte.   

¿Ya has descubierto esa fuerza que vive en ti?
 Compártela, compártete. 

(Lo escribí con amor hoy para todos los luchadores: Javier Ochoa) 
  Javier Ochoa V.L, 2014 ©                                                                                                      
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UN REMANSO DE AMOR




Había una vez una islita donde los sueños siempre se hacían realidad o por lo menos eso es lo que decía la leyenda. Hasta que un día un muchacho intrépido y valiente decidió que era el momento de buscar esa islita o ese maravilloso lugar en el que los sueños se hacían realidad. No fue fácil porque tuvo que enfrentarse a grandes tormentas e incluso a huracanes que le hicieron en más de una ocasión perder la esperanza y las fuerzas pero no se rindió y siguió su camino. En este camino encontró a gente maravillosa que le dio de beber, curó sus heridas, palió su hambre, y rezó por él sin descanso y de tanto amor se le fueron abriendo muchos caminos hasta llegar a ese lugar que le estaba esperando. Aquel lugar rebosaba luz, amor, hermosa energía y salud mucha salud. Nada más llegar sintió hambre y fue saciado de inmediato, aquel era síntoma de que todo su organismo aceptaba los nutrientes y además respiraba de maravilla. Se sentía tan feliz que se le olvidó que un día estuvo tan enfermo. Aquel lugar le devolvió la salud, la alegría y la paz y para celebrarlo invitó a aquellos amigos que tanto le ayudaron. Nunca se vio nada igual. El muchacho se convirtió en un caminante de la luz, un maestro del amor, y un gran sabio que devolvió con creces todo lo que un día el universo le entregó. La unión de unos con otros en el amor se convirtió en su don. No les di el nombre de aquel guerrero de luz, pero lo saben muy bien: Guillermo. 

(Para Guille con amor de su amigo Javier Ochoa)                 
Javier Ochoa V.L, 2014 ©
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